Tercer premio
El sonido de los pájaros
Un día un niño llamado Jack que fue a pasear al campo, mientras paseaba tranquilo oyó el suave cantar de los pájaros y se imaginó un instrumento que imitase el canto de las aves, ese canto que parecía una guitarra afinada de forma muy aguda.
Al llegar a su casa, le pidió a su madre si podía ir a la tienda de música. Una vez allí intentó tocar la guitarra, pero era demasiado grande y su sonido era muy grave. Se dirigió al mostrador:
- Disculpe, señor, ¿me podría decir cómo hacer un instrumento de música?, ¿cómo afinar los sonidos de la guitarra?.
- ¿Cómo? – preguntó extrañado el dueño de la tienda-.
No sé. Hay que coger un poco de madera. Se coge pegamento, se recorta… para afinar una guitarra tienes que…
-¡Gracias!
Cuando el joven regresó a su morada, comenzó a dejar vagar su imaginación para poder diseñar un instrumento musical cuyo sonido se parecería al del canto de un pájaro.
Por su ventana se oía el canto de los últimos pájaros del día que se despedían con sus agudos silbidos y notas musicales.
Al día siguiente, el niño se dirigió a la biblioteca para obtener más información. Fue a la carpintería, compró lo necesario para construir su invento; también fue a la tienda de música, obtuvo cuerdas y clavijeros.
A escondidas cogió un martillo y clavos del garaje y se dirigió su material al campo. Allí comenzó a realizar su instrumento. Cuando el sol comenzó a despedirse con sus últimos rayos y la luna se elevaba en el cielo, el niño se dirigió a su casa y guardo su trabajo en una caja, bajo la cama.
A la mañana siguiente se fue al colegio donde le informaron que más tarde habría un concurso de talentos y que un profesional iba a asistir. Al niño se le ocurrió la brillante idea de usar su obra musical para el concurso. Corrió a inscribirse, estuvo todo el día ansioso por llegar a su casa y terminar su obra maestra. Cuando llegó a su casa terminó su instrumento y se lo presentó a sus padres, que estuvieron orgullosos de él. El niño estuvo días practicando.
Cuando llegó la hora del concurso el niño estaba como un flan. Cuando salió a escena empezó a deleitar al público tocando una polka. El público aplaudió embelesado, el joven ganó concurso y al preguntarle cómo se llamaba el instrumento, éste respondió: Timple. Aquella palabra sonó suave y llena de musicalidad en el teatro. El público estaba sorprendido y, tras unos breves instantes, Jack pasó por el mejor momento de su vida.
El niño se fue a su casa y, tras unos instantes de inmensa felicidad, se fue a la cama tranquilo y alegre, deseando que aquellos momentos se prolongasen eternamente.
Paula Tapia Oliva , de 12 años, es alumna del Lycée Francais René – Vernau.
Cuarto premio
Voy a ser inventor
Me voy a dormir y le digo a mi mamá: Cuéntame un cuento.
Y ella me contesta:
- Ahora no recuerdo ninguno.
A lo que respondo:
- ¡ Pues te lo inventas!
¡Qué bonito tiene que ser inventar cosas! Cosas que hacen que todo sea más fácil, más rápido, más entretenido o más aburrido.
A mí, los inventos que me gustan son los que permiten soñar despierto, imaginar a mis héroes en sus batallas contra dragones y fieras enormes, al capitán pirata con el parche negro tapándole un ojo y su pierna de madera, etc.
Al día siguiente, cuando desperté, ya tenía claro qué quería ser de mayor: Seré inventor de cuentos. Es el mejor invento del mundo.
Y colorín colorado este cuento está inventado.
Alejandro Díaz Mendoza , de 7 años, es alumno del CEIP Nicolás Aguiar Jiménez